La ciudad de León surge por el asentamiento de la Legio VII Gemina en el año 68 en la terraza fluvial entre los ríos Bernesga y Torio.
No obstante, hay indicios de la existencia de un campamento romano anterior, perteneciente a la Legio VI Victrix, que se había asentado en el siglo siglo I a. C., en las llamadas Guerras Cántabras.
La Legio VII Gemina perteneció durante la época romana al conventus asturicense, con capital en Asturica Augusta.
Este convento formó parte de la provincia Tarraconense hasta el siglo III, cuando, con la creación de la provincia de Gallaecia, fue integrado en ésta, tras el período romano, la ciudad fue incorporada al reino suevo y posteriormente, al visigodo. Entre los siglos VI y VIII la escasez de evidencias arqueológicas, sólo localizadas en lugares concretos, proyectan una imagen carente, en principio, de vitalidad urbana, con una clara reducción del espacio habitado, que parece concentrarse en la zona sur.
Sin embargo, el descubrimiento de cerámicas tipológicamente adscribibles al periodo omeya cordobés en la zona de Puerta Obispo nos indica que la ciudad no solo no fue abandonada, sino que conservó cierta importancia.
La ciudad fue conquistada por los musulmanes llegados del Sur en el año 712.
No obstante, no fue hasta alrededor de 846 cuando un grupo de mozárabes intente repoblar la ciudad con población cristiana, ya que hasta entonces esta había permanecido en "estado latente", en el centro de la línea de combates; sin embargo, un ataque musulmán acabó con aquella iniciativa.
Poco después, en 856, fue el rey Ordoño I quien incorporó la ciudad al Reino de Asturias, repoblándola con éxito.
Es con Ordoño II que ocupó el trono tras la muerte de su hermano Garcia I cuando la ciudad se convierte en capital del reino astur, iniciando el Reino de León.
En estos siglos de existencia del reino de León, la ciudad fue creciendo y evolucionando en su desarrollo.
Papel importante tuvo, en esta cuestión, el Camino de Santiago, quizá la más importante vía de circulación de gentes, ideas, cultura y arte del Medievo, que transcurrió desde los tiempos de la Inventio por la ciudad, como era inevitable al ser sede del poder regio.
Con todo ello, León conoció el desarrollo de nuevos barrios de obreros y artesanos, en ocasiones extramuros de una ciudad, y casi siempre a la vera del camino de los peregrinos, que accedían a la ciudad por la llamada Puerta Moneda.
El Palacio de los Guzmanes fue construido gracias a la prosperidad de la ciudad en la Baja Edad Media.
Durante el siglo XIV, la ciudad experimenta una acentuada crisis económica que afecta mucho a la población de la ciudad.
Esta crisis vino acentuada por una serie de acontecimientos climáticos en toda Europa que mermaron enormemente las cosechas; produciendo hambrunas y endeudamiento de los campesinos.
Todas estas circunstancias fueron agravadas aún más si cabe con la llegada de la peste a León entre los años 1349 y 1350, la cual provocó una gran mortandad en la zona, despoblando pueblos y mermando según fuentes de la época en más de un cuarto la población de la zona.
A esta serie de fatalidades se le unieron una increíble inestabilidad política que produjo continuas tensiones que a menudo desembocaron en conflictos armados.
No obstante, con el cambio de siglo, las cosas comienzan a mejorar, viéndose un incremento notable en la población de la zona.
En la ciudad de León se nota este incremento poblacional en la edificación de nuevas casas, reconstrucción de las anteriores, ensanche de los arrabales.
Se hablaba en estos años incluso de hacer una cerca que comprendiese el arrabal de la parte oriental de la ciudad, abarcando las iglesias de San Lorenzo, San Pedro de los Huertos y San Salvador del Nido de la Cigüeña.
Así, la ciudad de León a finales de siglo contaba con una población entre los cuatro y cinco mil habitantes; sin embargo muchas ciudades de los alrededores experimentaron crecimientos mayores, así, Burgos contaba con diez mil habitantes, Salamanca con quince mil y Valladolid con veinte mil.
En León, la Guerra de las Comunidades destacó por un insólito fervor comunero en el cabildo catedralicio y en los barrios extramuros.
En la órbita local, las dos familias dominantes de aquella época, los Guzmanes, por parte de los comuneros y los Quiñones, por parte del rey hicieron de la guerra la excusa perfecta para resolver sus diferencias.
En los siglos XVII y XVIII, León vivió un estancamiento de su población, similar al de las ciudades de la meseta Norte.
En estos años, el incremento poblacional en la ciudad no se debió a un incremento de la actividad industrial o comercial, sino al empuje de la agricultura de las zonas rurales que rodeaban la ciudad.
Es por ello, que la ciudad de León, con 5.500 habitantes era, junto con Zamora, una de las ciudades menos pobladas de la región.
Las pésimas condiciones higiénicas y el hacinamiento contrarrestaban el avituallamiento regular y asegurado por los municipios en épocas de crisis.
En el siglo XIX la ciudad adquiere el rango de capital de su provincia y a finales de este y principios del siglo XX el desarrollo de la minería del carbón la convirtió en una de las ciudades más dinámicas del norte de España; en este sentido, se convirtió en nudo comercial y de comunicaciones fundamental en todo el noroeste, con el desarrollo de importantes infraestructuras, entre las que destacan la construcción de su estación de ferrocarril (luego propiedad de Renfe y hoy, de Adif) para vías de Ancho Ibérico, y el trazado de una línea de Ferrocarril de vía estrecha (luego Feve), conocido como El hullero, que, desde León, conectaba los principales núcleos de extracción carbonífera con el núcleo industrial de Bilbao.
León fue la segunda ciudad de España en implantar el alumbrado público en sus calles.
En 1904 se aprobó un Plan de Ensanche que tenía como eje principal la Gran Vía de San Marcos, la cual confluía en la Plaza de Santo Domingo.
La calle Ordoño II unía esta plaza con la de Gúzman el Bueno, encargada de distribuir el tráfico de la estación de ferrocarril por las calles de Roma y República Argentina.
A partir de estos grandes ejes se delimitaron manzanas de 100 metros de lado y 1 hectárea de superficie, solo variadas al noreste para conectar con el casco antiguo.
Tras el sublevación de julio de 1936, que dio lugar al inicio de la Guerra Civil Española, la mayor parte de la provincia quedó en manos de los sublevados.
En León, la sublevación de la guarnición tuvo lugar el 20 de julio, una vez que la columna minera que desde Asturias se dirigía a Madrid hubo dejado la ciudad.
La resistencia fue escasa y los cargos públicos del Frente Popular, entre los que se encontraba el alcalde, Miguel Castaño, fueron arrestados por los sublevados y condenados a muerte por fusilamiento.
Durante el franquismo, la ciudad, como el resto de España vivió los años de absoluta miseria propios del periodo de posguerra, sin embargo y tras superar éste, la ciudad comienza a desarrollarse con normalidad.
Solo con la llegada de los años sesenta, y a lo largo de los años setenta la ciudad de León la ciudad comenzó a crecer, auspiciada por el auge de la minería y la industria, pasando de 63.759 habitantes en 1950 a 105.535 en 1970.
Esto originó la expansión de forma anárquica de la ciudad en todas direcciones.
La creación de barrios como San Mamés, San Esteban o El Ejido respondieron a esta expansión, que no solo se centró en la capital, sino que inició la andadura del Área metropolitana de León, con un espectacular desarrollo de pueblos como San Andrés del Rabanedo.
La renovación de la ciudad ha afectado a grandes áreas de la misma.
Con la llegada de la democracia, la ciudad vivió un periodo de inestabilidad, provocado por los sucesivos cambios en la alcaldía; eventos como el "Pacto Cívico" marcaron los primeros años, que retrasaron el desarrollo de la ciudad.
Paralelo al desarrollo de estos actos, nació el leonesismo, se produjo la aprobación de mociones en favor de una autonomía leonesa por parte de municipios y la Diputación Provincial de León en 1983, así como grandes manifestaciones en favor de la Autonomía Leonesa, con 20.000 personas en 1983 y 90.000 en 1984.
Es finalmente en la década de 1990, cuando la ciudad comenzó a despegar de forma definitiva.
Barrios como Eras de Renueva, La Lastra o La Torre transformaron la ciudad en una moderna, abierta y vanguardista.
La arquitectura moderna además, encuentra un hueco en la ciudad de León, con edificios singulares como el MUSAC, el Auditorio y el EREN entre otros.
Además, el centro histórico sufrió un intenso proceso de peatonalización que recupera muchos de sus espacios.
Y ya es a mediados de la década cuando el Área Metropolitana pegó el salto definitivamente, con nuevos y mayores planteamientos urbanísticos que determinan la nueva forma de la ciudad de León, que ya no solo es el Centro, sino un gran área entre Villadangos y Mansilla de las Mulas.

En esta zona, localidades como Villaquilambre y Valverde de la Virgen empiezan un crecimiento demográfico explosivo, acompañado de un renacer industrial.


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